OPINIÓN | Impulso del acero verde para la transición energética del Biobío

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Por Mauricio Franjola, gerente general del Programa H2 Biobío.

Por años hablamos de transición energética como si se tratara de un desafío lejano, asociado exclusivamente a nuevas fuentes de generación eléctrica o al desarrollo del hidrógeno verde. Sin embargo, la reciente decisión de Aceros AZA de instalar una nueva operación industrial en los terrenos de Huachipato nos recuerda que la transición energética ya comenzó y que hoy está transformando algo mucho más profundo: la manera en que las industrias producirán, competirán e invertirán durante las próximas décadas.

Lo relevante de esta noticia trasciende con creces una operación empresarial. Representa una señal concreta de que la industria está evolucionando hacia procesos de menor huella de carbono, mayor eficiencia energética y una creciente incorporación de tecnologías limpias. Es precisamente ese cambio el que define la transición energética: una transformación transversal que modifica la forma en que distintos sectores productivos generan valor.

Durante mucho tiempo tendimos a asociar este proceso únicamente al hidrógeno verde. Sin embargo, la realidad demuestra que la transición energética es un ecosistema mucho más amplio. Conviven la electrificación de procesos industriales, las energías renovables, la eficiencia energética, la economía circular, los nuevos combustibles, el almacenamiento energético, la digitalización y, por supuesto, el hidrógeno como uno de sus principales habilitadores. Ninguna de estas tecnologías, por sí sola, explica el cambio que estamos viviendo. Es la convergencia entre todas ellas la que comienza a configurar una nueva etapa para la industria.

En ese escenario, el Biobío posee condiciones excepcionales. Nuestra región concentra capacidades industriales, infraestructura portuaria, generación eléctrica, universidades, centros tecnológicos, proveedores especializados y capital humano que pocas regiones de Latinoamérica reúnen en un mismo territorio. Esa base, construida durante décadas, hoy adquiere un nuevo valor estratégico para liderar esta transformación.

No estamos hablando únicamente de reducir emisiones. Estamos hablando de fortalecer la competitividad regional, atraer nuevas inversiones, generar empleos de mayor valor agregado y abrir oportunidades para que nuestras empresas participen en mercados
internacionales donde la sostenibilidad dejó de ser un atributo deseable para convertirse en una condición de acceso.

Cada nuevo proyecto que incorpora procesos productivos más eficientes y de menor impacto ambiental contribuye a consolidar un ecosistema que fortalece la confianza para futuras inversiones. Las transformaciones industriales rara vez ocurren de manera aislada. Se desarrollan cuando un territorio demuestra capacidades, genera certezas y construye una visión compartida sobre su futuro.

Ese ha sido precisamente el propósito que ha impulsado el Programa Estratégico Regional de Transición Energética e Hidrógeno del Biobío: articular a empresas, sector público, academia y centros de investigación para construir las condiciones que permitan acelerar esta transformación. La transición energética no comienza cuando se inaugura una planta; comienza mucho antes, cuando un territorio desarrolla las capacidades, la coordinación y la confianza necesarias para que esas inversiones decidan instalarse y proyectarse en el tiempo.

Hoy el Biobío tiene la oportunidad de volver a liderar una nueva etapa del desarrollo industrial chileno. No reemplazando su historia, sino proyectándola hacia el futuro. La región que durante décadas fue protagonista de la industrialización nacional puede transformarse ahora en referente de una industria más moderna, más competitiva y más sostenible.

La transición energética ya no es una promesa. Empieza a expresarse en decisiones concretas de inversión, en nuevas tecnologías y en una forma distinta de entender el desarrollo. El desafío que tenemos por delante es aprovechar esa oportunidad para consolidar al Biobío como el territorio donde la transición energética se convierte, efectivamente, en una nueva transición industrial.

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Publicado el

20 de julio de 2026